Me considero una persona feliz y optimista; sin embargo, aunque parezca un contrasentido, a diario me pregunto qué finalidad tiene la vida, si es que tiene alguna. Envidio, en ese aspecto, a aquéllos que tienen fe pues ellos tienen una meta, un destino de llegada, cosa que no ocurre conmigo. Soy ateo -o agnóstico- por sentimiento, no por convicción, desde los 17 años. Esto, unido al relativismo moral que he adoptado interiórmente (vivimos en sociedad y a veces no conviene exteriorizar esa forma de pensar) hace de mí alguien atípico y proclive a la soledad intelectual.
De las pocas cosas que tengo claras podría citar que no quiero sufrir ni me apetece morir, por lo menos aún. Supongo que será puro instinto, no sé. Cuando digo que no quiero sufrir, me refiero a que evito caer enfermo, me alimento, me aseguro un hogar, me rodeo de seres queridos cuya buena salud también persigo, entre otras razones porque no quiero sufrir viéndoles mal a ellos, etc. Este objetivo vital, el no sufrir y retrasar la muerte, conlleva el tener que trabajar y el tener que ser un ser social limitando la libertad individual. Luego podríamos decir que mi vida, como la de tantos otros, la guía el MIEDO visceral al padecimiento. Quizás sea algo drástico resumirlo así, porque también encuentro placer en el día a día, con determinadas actividades, pero no consiguen llenar el vacío al que me refiero.
Cuando trato de encontrar otro objetivo vital más humano, más trascendente, menos frívolo (me resulta raro usar los calificatios "humano" y "frívolo" en este caso) entro en un bucle sin salida. Al final llego a la conclusión de que no puedo encontrar ese objetivo, dada nuestro conocimiento tan limitado como especie. En ese momento se presentan dos opciones: La primera opción sería no buscar ese objetivo, asumir que no lo encontraré, que nunca se encontrará, y disfrutar de la vida (otra palabra que me suena rara en este contexto: "disfrutar") hasta que me muera. La segunda opción (creo que estoy puntuando fatal el párrafo, agradecería las pertinentes rectificaciones) consistiría en añadir a la primera una labor de apoyo a la búsqueda de ese objetivo. Me explico: Como no encontramos ese objetivo vital ni sabemos si existe un objetivo común, por lo menos intentemos, como especie, llegar a él. Esa sería la misión: INTENTARLO. La única vía es el conocimiento, ampliar nuestro conocimiento. En este caso, mi objetivo sería contribuir a que el conocimiento aumente, lo que me lleva a favorecer ese enriquecimiento cultural y científico, lo que me lleva a contribuir al desarrollo social, lo que me lleva a ser alguien productivo, no en el sentido económico, sino en el sentido de asumir que soy una pieza más de este engranaje, la HUMANIDAD que desea encontrar una estrella, una guía, una meta más allá de la simple necesidad biológica de continuar como especie. Quizás esa búsqueda nunca llegue a buen puerto, quizás no haya un porqué para nosotros, pero la opción de quedarnos mirando a ver pasar el tiempo no me convence, aunque reconozco que es cómoda.
Un día, mañana, pasado, el mes que viene, dentro de unos años, yo moriré, igual que todos. Un día, si no avanzamos lo suficiéntemente, el Sol destruirá la vida en la Tierra, si aún existe. Llegado ese momento, todo se habrá esfumado, nosotros y la memoria de nosotros. No habrá legado (exceptuando los Voyager y algún artilugio más). Los partidos políticos, los países, los amores, los odios, las poesías, las películas de cine, los planes de canalización, la historia, los monumentos, las religiones, el terrorismo, el desnudo, el coito, las reservas naturales, los delfines, TODO habrá desaparecido. FIN. ¿Qué somos? ¿Qué pintamos aquí? ¿Qué le ocurre al tiempo que nos esclaviza? Sólo se vive el presente, y acaba de morir.